KIV-Acacia / CEART SLP

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La aritmomancia y la numerología reconocen en el tres al poder universal. Este número representa la naturaleza tripartita de la condición humana: cuerpo, alma y espíritu; el ciclo del nacimiento, vida y muerte. De la misma manera, Acacia simboliza el principio, el medio y el fin. Esta instalación es una metáfora de los misterios de la vida y la muerte que generan un ciclo completo en sí mismo; presente, pasado y futuro, unidos por el poder metafísico del arte.

Las tres fases de la instalación Acacia representan, entre otras cosas, el tránsito simbólico por un espacio que es el todo y el fin de todo: la regeneración.

En un primer espacio abierto, el visitante se encuentra con el lugar donde ha de instalarse la muerte: un cementerio exportado en vías de construcción, donde el perímetro de cal que define el área que ocupará cada una de las tumbas, sugiere el frágil encuentro entre la inmovilidad y el movimiento. Al atravesar la imagen de la capilla funeraria de la logia “El Potosí”, impresa sobre tres lienzos, el visitante se encuentra repentinamente dentro de un oscuro túnel sin salida. Al fondo, al igual que el rayo de sol que impacta la imagen de la puerta de la capilla funeraria, un haz de luz ilumina un ataúd, cuya cubierta porta una estrella de bronce de cinco puntas; a su lado, una pala de oro y un maso de plata reposan inertes, mientras un retoño de acacia crece para alcanzar las palabras de la iniciación que se reflejan dentro del ataúd: mi nombre es acacia.

αϗαϗια, que en griego significa, tanto la planta misma como la calidad moral de la inocencia o pureza de la vida, es la condición iniciática para emprender el ascenso hacia el grado más elevado de la evolución espiritual. La catarsis inducida por el Arte, al igual que la naturaleza inmutable y siempre verde del retoño de acacia, evocan la mejor parte de nosotros mismos, aquella que nunca muere. De la misma manera, esta instalación nos recuerda que en el inicio de la vida, la inocencia permanece inmóvil en su tumba, en espera de la inevitable llamada hacia su inmortalidad.

 

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“Mi nombre es Acacia”: el poder de los símbolos

La palabra cementerio proviene del griego κοιμητηριον que significa dormitorio.

Cada vez que se presenta, el Proyecto Koimeterion -Proyecto K- cobra una dimensión distinta, porque el espacio es parte esencial del mismo, al igual que mi experiencia en su creación.

A la presentación del Proyecto K en el Centro de las Artes de San Luis Potosí, le corresponde cronológicamente el número cuatro

Son precisamente la letra K y el número cuatro romano los que, simbólicamente unidos, representan el compás y la escuadra entrecruzados. Entrecruzados como los hilos de las parcas; entrecruzados como los hilos que delimitan sobre la tierra, las tumbas del del cementerio exportado y en vías de construcción. Un cementerio inacabado, como la vida que sabemos con certeza cuando inicia pero jamás cuando termina. Entrecruzados como las vidas de los que hoy estamos aquí reunidos.

KIV es un espacio que contiene otro espacio que representa el espacio donde ha de instalarse la muerte.

Un espacio que ha sido liberado, tanto de su función original como de su concepto. Un cementerio que no es cementerio, dentro de una cárcel que no es cárcel: Arquitectura de lo absurdo. Arquitectura de la libertad.

Esta noche celebramos diez años de libertad de una cárcel que hoy alberga artistas en lugar de presos y me siento muy honrado de haber sido uno de los sepultureros de su pasado.

Del mismo modo en que en el año de 1890 este penitenciaría fue inaugurada sin estar acabada, hoy se inaugura esta instalación sin terminarse, como una metáfora del cementerio mismo: ese espacio donde inicia aquello que nadie sabe donde termina.

La imagen que dio origen a la instalación que lleva el nombre de Acacia se me presentó mientras tomaba la fotografia de la entrada de la capilla funeraria de la logia “El Potosí”, dentro del cementerio “El Saucito” de esta ciudad.

El sauce y la acacia, ambos árboles que nacieron en un cementerio y que cobran una dimensión diferente cuando se convierten en símbolos.

El retoño de acacia que crece detrás del ataúd, nos recuerda que la inocencia que reposa dentro de este no está muerta, simplemente duerme esperando ser despertada por la voz del Gran Arquitecto, para dejarse conducir a un estado de conciencia más elevado. Acacia es entonces una metáfora de la muerte en vida y su resurrección.

Con el nacimiento se abren las puertas del templo de los misterios, al cual entramos con los ojos vendados para no ser cegado por la luz de la sabiduría que en él habita. Al salir de esta iniciación tenemos un nombre: nuestro nombre es Acacia.

 

Alejandro Gómez de Tuddo

Centro de las Artes de San Luís Potosí, 24 de agosto de 2018

 

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